Nota Completa
Exodo
“If it sounds like shit… and smells like shit… then it must be shit!!”
-Burt Reynolds, Boogie Nights
Desde hace ya bastante tiempo, me ha rondado por la cabeza la idea de ir en pos de mejores horizontes en otras tierras, abrumado por un sentimiento general en el país donde el descontento y la depresión parecen estar a la orden del día, y por situaciones personales que no vienen al caso mencionar aquí. No me gusta tratar en mi espacio de estas cosas, pero tampoco es algo que pueda simplemente tragármelo y olvidar, y tengo que sacarme el clavo de algún modo. De todos modos, los weblogs personales son también espacios de catarsis.
A pasos agigantados, Costa Rica está pasando de ser del país que por muchos años fue una excepción a las reglas en la región más desigual del mundo a ser “uno más del montón”. La plata cada vez alcanza menos (aún si se gana en dólares—la inflación avanza más rápido que la devaluación), y la clase media se va esfumando del mapa para pasar a ser una sociedad de dos clases: Los que no tienen nada (la mayoría) y los que tienen demasiado. Uno de los sectores más opulentos del país, Escazú, tiene hoy tiendas que venden Ferraris y Patek Phillipes mientras a escasos cuatro kilómetros de ahí en línea recta se asienta uno de los precarios más violentos del país: La Carpio.
Este desequilibrio social es, inevitablemente, caldo de cultivo para las maras que pululan en Honduras y El Salvador y que, de seguir esta brecha social ensanchándose, inevitablemente terminarán por aparecer en nuestras calles.
Nada de esto es, en realidad, nuevo: Quienes han podido vivir algún tiempo por estos lados se habrán dado cuenta que Costa Rica dista mucho en la realidad de ser esa Arcadia idílica, ese paraíso perdido que tan alegremente le vende el Ministerio de Turismo a los extranjeros. De todas formas, todos los países tienen cola que le pisen y que tampoco publican en sus afiches turísticos.
Pero desde que se destapó el escándalo político más grande —y grave— de la historia nacional reciente, la credibilidad del Gobierno y el sistema político en general ha ido en caída libre. Los dos partidos mayoritarios que por décadas se repartieron el poder (y mucho más que eso) han salido culpables en primer grado, y están prácticamente acabados. A menos de un año de las próximas elecciones, muchos no saben por quién votar. No hay realmente una figura de peso, con excepción del expresidente y Nobel Oscar Arias, con una reputación hoy venida a menos y con miles de razones e intereses creados para sospechar de su candidatura.
Muchos han saltado de los “Titanics” de los partidos mayoritarios para hacer casa aparte, pero carecen del poder de convocatoria de un grupo grande. Y la única opción que se ha mantenido firme en esta crisis, el Movimiento Libertario, sigue siendo una propuesta demasiado radical para una sociedad reacia a los cambios drásticos, pero necesarios, como la tica. Por mi parte, yo soy más de la filosofía de “a grandes males, grandes remedios” y por eso es que simpatizo con gran parte de —no toda— la filosofía liberal. (No se me enoje, Shan) :P
Y si le sumamos el atraso cada vez más grande del país en decidirse sobre el TLC y cuestionamientos que hace tiempo que fueron resueltos en otros países de la región, el panorama de la estabilidad política y económica de nuestro país luce sombrío a corto plazo.
Chile tuvo que pasar por casi 20 años de dictadura militar para resurgir de las cenizas y ser hoy el modelo de desarrollo de América Latina. Japón hace poco más de cincuenta años, tras que era un país pobre, sufrió en carne propia los horrores de la guerra y la bomba atómica — pero de ahí surgió un país completamente nuevo y una potencia mundial.
¿Será posible que tengamos que tocar fondo en el país de nunca-pasa-nada para darnos cuenta que no podemos seguir como estamos? ¿Tiene el hombre que llegar hasta las últimas consecuencias para aprender la lección? ¿Tenemos que llegar a donde llegó Argentina hace tres años? Con la de recursos naturales, talento y calidad de gente que tenemos, resulta difícil pensar en eso… pero a veces puede más la demagogia y el poder asfixiante de la burocracia.
No sé si el plan de los “capitanes” de este gran barco es hundirlo y hundirse ellos con él - yo, al menos, si es así no quiero hacerles compañía. Si lo que buscan son suicidas, no cuenten conmigo. Como dice nuestro paisano Juanca:
“Amo demasiado a mi país, [pero] no creo en la autoinmolación.”
Una golondrina no hace verano, y cambiar el rumbo del país requiere mucho más que buenas intenciones y una cabeza.
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Beto el tema que tocas es bien dramatico y de veras lo que provoca es agarrar las maletas y salir corriendo.
Por mi experiencia sobre Venezuela, lo que te puedo decir, es que nunca subestimes cuan bajo puede descender un pais, es increible, cuando tu crees que estas tocando fondo, de repente te das cuenta que apenas estas rozando la superficie.
Triste pero cierto.