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Tiquicia

En rumbo hacia la Cuarta República

2 de Diciembre, 2005

Bandera CR De todos los escritos que han llegado a mis manos alusivos a la situación que en estos momentos vive el país, esta entrevista hecha a Alfonso Chase, a mi criterio uno de los intelectuales más objetivos de Costa Rica (al menos, de los que quedan vivos), pone en términos sencillos y concretos algunas de las predicciones más sensatas que he leído al respecto. En sus propias palabras:

“Costa Rica va para la cuarta república. La tercera república es el pacto de la vergüenza Calderón Fournier-Figueres Olsen que nos ha hecho sobrevivir diez años. Ahora se nos cayó con todo lo que realmente mostraba ese pacto, toda la corruptela interpartidaria. Yo veo muy positivamente lo que está ocurriendo, es el desmoronamiento de la tercera república. A finales de los años 40 estaba ocurriendo lo mismo. Costa Rica es cíclica.”

De nuevo, un poco de background para el lector internacional: En Costa Rica se instauró la llamada “Segunda República” a finales de los años cuarentas, concretamente después del cisma social y político que marcó buena parte de esa época y que culminó con la Revolución del 48, el último conflicto armado de importancia que se recuerde en este país. Entre los beneficios de esta “Segunda República” se encuentran la instauración del Seguro Social, la abolición del ejército (hecho que siempre le ha dado notoriedad a CR), y una serie de reformas sociales destinadas a proteger la integridad del trabajador y la clase obrera en general. Sin embargo, mucho tiempo ha pasado ya desde entonces y, al igual que un barco que de viejo ya empieza a hacer aguas por todos lados, la estructura e ideologías que crearon estos sistemas y reformas ya son hoy día obsoletas, y lejos de ser entes eficientes, más bien se han convertido en depositarios de la más deleznable corrupción que en los últimos 25 años han terminado por carcomer las bases políticas y sociales de este país.

Desde hacía muchos años se iban dando señales de que el núcleo había comenzado a podrirse por dentro, pero nunca había sido tan evidente como cuando por fin se destapó el más grande caso de corrupción en la historia costarricense, en donde se demostró cómo tres expresidentes —dos de ellos, hijos de los héroes políticos de la Segunda República— se encargaron de desmontar sistemáticamente y sin pudor alguno la obra de sus padres para beneficio propio. Tras gran fanfarria y circo mediático, a ese mismo par se les puso tras las rejas por un tiempo que para muchos no fue ni siquiera simbólico en virtud del gran daño económico y social que se le hizo al país. No es exagerar el decir que fue en ese momento en que Costa Rica perdió su inocencia política, y donde comenzamos a medir a todos los integrantes de la clase dirigente con el mismo rasero. Y este es el momento en que, a menos de dos meses de las elecciones, más de la mitad de los ticos no saben por quién votar, en virtud del desencanto y apatía que nos genera ya la política y todo lo que le rodea. Yo soy uno de ellos.

Y es natural y obvio que, en estos momentos en que la tele nos bombardea con campos pagados (a cual más patético e indigestible) cada dos por tres en el horario de prime time, estos temas afloren a la superficie. Me temo que, por más que lo queramos evitar y como lo dice el señor Chase, parecemos estar más en camino de tocar fondo como sociedad tal y como les pasó a los argentinos, uruguayos y bolivianos, solo para llegar a un punto en que lo único que tenga sentido sea el volver a subir y a hacer borrón y cuenta nueva.

Argentina, por ejemplo, no volvió a ser la misma después de pasar por la época negra del “corralito” y el “¡Que se vayan todos!”, una pesadilla de la cual solamente hasta ahora puede decirse que se va, por fin, dejando atrás. Un trago amargo, pero a la postre necesario. ¿Es eso lo que nos espera? Parafraseando de nuevo a Chase:

“La gente no entiende que la democracia no está en las urnas. Todo cambio social en Costa Rica ha sido producto de un motín o una revuelta. Desde la batalla de Ochomogo hasta el Combo del ICE. Lo de que el cambio se logra con votos es un gran mito. Costa Rica tiene hechos políticos militares, según Rafael Obregón, que cambian el país.”

Y en efecto, nuestra historia no es realmente tan pacífica ni bucólica como la pintan los afiches del Instituto de Turismo, los hechos registrados en ella hablan por sí solos. Sin embargo, queda la interrogante sobre qué es lo que realmente pasará en Costa Rica a mediano plazo, pendiendo como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas.

3 comentarios en lista

Enlace xtian

voy a leerla completa antes de ccomentar más. empiezo diciendo que no soporto que informa-tico publique las entrevistas y no informe quién las realizó.
jeje, volveré.


#1/ 3 de Diciembre, 2005
Enlace Ventolin

Esto me parece que es por donde hay que comenzar a arreglar las cosas una vez iniciada y establecida (de estable) la “cuarta república”:

P: ¿Y qué hacer con la criticada educación que tenemos?

“Barrerla completamente. Volver a un Mauro Fernández.”


#2/ 7 de Diciembre, 2005
Enlace jdclarke

Me parece muy interesante lo que dice Chase, y puedo decir que concuerdo con mucho. Se dice que en retrospectiva siempre se tiene 20/20, pero es muy cierto lo que dice sobre lo que fue la Tercera República y que muchos no nos habíamos dado cuenta.

Creo que Costa Rica vive una revolución desde principios de la década, pero no es una revolución ni rápida ni violenta. El surgimiento del PAC, del ML y del resto que han seguido (o querido seguir) sus pasos todavía no se ha visto con la importancia que realmente tiene.

Estamos en un momento clave, en uno de los picos de esta revolución lenta y democrática, donde estamos redefiniendo -todos- lo que es esencialmente “la República.”


#3/11 de Diciembre, 2005

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