Nota Completa
Sólo los ríos no se devuelven
Más de una vez en este espacio propio y en otros ajenos había plasmado la posibilidad de aprovechar las elecciones presidenciales del próximo 5 de febrero para realizar, en vez del voto, un graffiti-collage de protesta en la papeleta presidencial como demostración de mi descontento y frustración —compartido por muchos otros, sin duda— con la situación actual del país y las escuálidas e insípidas alternativas que esta vez nos ofrece la política nacional ya hecha jirones y venida a menos. Pero después de ver las “declaraciones” de colegas blogueros como Xtian y Julia Ardón —por mencionar dos nombres—, he llegado a concluir que quizás pueda tener algo más de sentido ejercer nuestro derecho a la protesta de la forma convencional y cívicamente correcta, puesto que —con informarse un poquito— lo más probable es que, contrario a lo que muchos piensan, sí hay alguien por quien votar.
Muchos son hoy día los desencantados que piensan como estuve pensando yo hace poco, y que por esa misma razón no piensan ni en acercarse a las urnas electorales. Sin embargo, esto mismo me puso a pensar… ¿cuántas personas hay en Costa Rica con el mismo dilema? ¿Mil? ¿Diez mil? ¿Cien mil? … Ya solo en números, cien mil personas en un país de poco más de cuatro millones de habitantes (de los cuales poco más de la mitad están en edad de votar) es una cantidad nada despreciable que podría marcar una diferencia significativa en el resultado electoral. Cien mil personas que tienen en su poder la decisión de que el país le apueste al continuismo —cuyos ‘frutos’ se ven hoy por todas partes— o también de que el país se incline hacia un modelo de desarrollo donde la moral, la ética y la transparencia en los compromisos para y con el país tienen tanta importancia como la equidad social — un término aparentemente olvidado por los últimos gobiernos que parecen haber estado muy ocupados en andar vendiendo el país a pedazos.
El candidato perfecto no existe, así como tampoco existe el partido perfecto. No hay forma en que un solo plan de gobierno se adapte total y perfectamente a todos los criterios y necesidades de un país, y como humanos que son, están tan expuestos a cometer errores como cualquiera de nosotros. Sin embargo, si algo está haciendo falta en esta Costa Rica que cada vez se nos parte más en dos países distintos, es un sistema de gobierno que logre equilibrar un poco la balanza social y económica, así como devolverle a la política costarricense el brillo que ha perdido a través de dos décadas de andar dando palos de ciego. Y depende de todos y cada uno de nosotros que así sea.
Vota por quien sea, pero hazlo. Ejerce tu privilegio de elegir. Salí a votar.
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